El cordón suelto
Voy caminando a la escuela cuando veo a una chica delante de mí. Incluso desde lejos, se nota que se cree monísima. Al acercarme, me doy cuenta de que es Martina. ¡Uf! ¡No la soporto para nada! La semana pasada, la profesora dijo que mi proyecto era muy bueno. ¿Y qué dijo Martina? Dijo en voz alta que su proyecto es mucho más grande y mejor que el mío. Siempre quiere ser el centro de atención y ganar en todo. Otra cosa que me molesta es que siempre se está apartando el pelo de la cara, igual a las actrices de la tele. Nunca he entendido por qué lo hace. Si te cae en los ojos y todo eso, ¿por qué no te lo recoges y ya está? Estoy segura de que solo quiere que todo el mundo la mire.
En fin, el cordón de su zapato derecho está suelto. Cada vez que da un paso, el cordón le da un latigazo cerca del zapato izquierdo. Estuve a punto de avisarle porque sé perfectamente lo que pasa si tropiezas y te caes. Entonces pienso: "¿Por qué me importa un cordón suelto?" La verdad es que no tengo una respuesta. Después de todo, si se cae, será ella la que se golpea la cara y no yo. Así que sigo caminando.
Pero no puedo dejar de mirar ese cordón. Se balancea de un lado a otro, dando vueltas como una cuerda de saltar. Sé mucho de cuerdas, sabes. Las hago girar tanto en el recreo que me duelen los brazos. Pero no sé saltar tan bien como Martina. Mis piernas no se mueven con tanta facilidad. Quizás sea porque estoy gorda.
El cordón sigue moviéndose. Sabes, cuanto más lo pienso, menos me recuerda a una cuerda de saltar. Me parece más un cinturón —ese grueso que usa papi para pegarme cuando me porto mal. Casi siempre es él quien me pega porque mami espera a que él vuelva del trabajo y le dice con mucha calma, como si no fuera nada: "Sofía necesita un par de nalgadas hoy". Lo dice como si estuviera hablando del tiempo, de la cena o de algo así. Ni siquiera me mira cuando lo dice. A veces se limpia las manos con el paño de cocina una y otra vez, como si hubiera algo pegajoso que no se le quita.
Me pregunto, si lo que hago es tan malo, ¿por qué no me pega ella misma en ese mismo momento? Si yo tuviera que esperar tanto tiempo para decírselo a papi, las palabras se me enredarían en la lengua, o quizás simplemente me olvidaría del asunto. Entonces pienso que, si de verdad es tan malo lo que hago, ella no esperaría a que papi llegara del trabajo.
¿Sabes cuánto me encantaría correr hacia él y abrazarle la cintura cuando entra por la puerta, y apoyar mi cabeza en su pecho para escuchar los latidos de su corazón? ¡Ah, y su voz! Suena como un trueno lejano, de esos que sabes que están muy lejos y no te harán daño.
Cada vez que espero a que comience mi castigo, lo único que quiero es arrebatarle el cinturón de su mano. No creo que realmente quiera pegarme. Muchas veces parece que mami le da cuerda por detrás con una llave —como si fuera un juguete de cuerda— hasta que ya no es él mismo. Se desabrocha el cinturón —creo que se lo regalé por Navidad— y los pantalones se le deslizan un poco hacia abajo. Se lo enrolla en la mano y deja que el otro extremo cuelgue como una lengua. Parece que me está sacando la lengua. Frota el cinturón como si estuviera reuniendo fuerzas. Luego se acerca, carraspea y dice muy despacio, como disculpándose: “Cariño, tu mamá dice que tengo que castigarte". En realidad, lo dice como si fuera una pregunta. ¿Cómo podría yo decir que no? Entonces eso sería otra cosa más que provocaría entre ellos. Para ser franca, papi y yo tenemos una bromita entre nosotros. Cuando ella cree que él me está pegando, en realidad está golpeando la cama mientras yo grito como una loca.
A menudo mami me enfada tanto que siento un dolor horrible en el pecho. Quiero gritarle todas las palabrotas que conozco. Pero, entonces recuerdo que siempre se levanta antes de que salga el sol para prepararnos todo y camina en silencio por la cocina. Como si nunca estuviera cansada. Como si fuera invisible, no existiera. Y eso me enfada más.
Bueno, en fin, Martina y yo ya casi llegamos a la escuela. El cordón sigue moviéndose de un lado a otro, girando y dando vueltas. Martina camina como si nada malo pudiera pasarle jamás. Pero yo no soy tan ingenua como ella. Me acerco un poco más y veo el cordón sucio. Levanto el pie para pisarlo. Podría advertírselo, pero no lo hago. Piso con fuerza el cordón. Martina se tambalea hacia un lado y hacia delante. No me quedo a ver si se cae. Sigo caminando como si no hubiera hecho nada.
Thank you, @eugen_blick and @CocoPop, for your comments, suggestions, and corrections. I think many of my mistakes are "good" because I'm learning about "the finer points of the language that have to do with syntax, semantics, and idiomaticity," as Uly stated in his post, "Learning from Others' Mistakes." To be honest, I'm looking forward to the day when I've made fewer "innocent" mistakes. In the meantime, though, I'll learn from them and will become more proficient. Journaly editors spend a lot of time and energy helping others learn languages. I appreciate all you do.
You're very welcome, Shirley! Your Spanish is awesome, and I really enjoyed this story. And yes, you definitely have a grasp on idiomaticity because there aren't a lot of anglicisms here to speak of. Great job!
Thank you!