Ting estaba sentada tranquilamente con un pequeño grupo de amigos en una pequeña librería, mientras el atardecer iba envolviendo la sala.
El poema anterior acababa de ser leído en voz alta, y su autor había regresado a su asiento al otro lado de la sala. Por suerte, estaba lo suficientemente lejos como para que Ting y sus amigos pudieran decir lo que pensaban sin necesidad de susurrar.
Después de dar un sorbo al vino tinto de un rojo oscuro, se pasó los dedos por el cabello con expresión desconcertada. Un profundo surco se dibujó entre sus cejas fruncidas.
—¿Se puede llamar poesía a lo que acabamos de escuchar? —preguntó con voz baja y seca—. A mí me sonó a estática: chirriante, estridente, un ruido que no lleva a ninguna parte.
Andrei, repantigado en la silla frente a ella, dejó escapar un resoplido que no era ni un suspiro ni una burla. Se encogió de hombros con desgana y deslizó suavemente sus largos dedos sobre la mesa, mirando a Ting con una expresión fría e indiferente.
—Para algunas personas, quizá suene como poesía sublime —dijo, saboreando la expresión, aunque le resultaba amarga—. Para otras, no sería más que ruido y disonancia...
Dio un sorbo a su café oscuro y amargo y se volvió hacia la ventana, donde el crepúsculo se iba extendiendo lentamente por el cielo.
Min rompió el silencio con una tos seca.
—En cualquier caso, el bosque de la literatura ya está demasiado poblado. Cada libro que se planta en él no es más que otro árbol destinado a quedar en la sombra, a sumirse lenta e inevitablemente en la oscuridad del olvido. Al final, la oscuridad siempre gana.
Dejó escapar una pequeña risa ronca, burlándose de sí mismo.
—¿Acaso no somos todos hoy pequeños retoños sentados a la sombra de los gigantes de la literatura?
Tim, sosteniendo su taza entre las manos y observando cómo el vapor se enroscaba y desaparecía, habló a continuación.
—Todos cargamos con el peso de nuestra propia pequeñez y de todo lo que ignoramos. Yo mismo me pierdo en el bosque de la literatura. Es demasiado vasto, demasiado enmarañado como para recorrerlo entero en una sola vida.
Antes de continuar, recorrió lentamente el borde de su taza con el dedo, pensativo.
—Quizá no se trate de llegar más lejos. Quizá sea mejor sentarse junto a unos cuantos árboles —sentarse de verdad, mirar de verdad— y dejar que sus raíces crezcan lentamente dentro de nosotros, en lugar de apresurarnos a pasar junto a otros cien.
Tim levantó la mirada hacia sus amigos. En sus ojos había algo sereno y lleno de certeza.
—Profundidad antes que distancia. Así es como quiero pasar lo que me queda de esta corta vida.
A Conversation about Literature
Ting sat quietly with a small circle of friends in a small bookstore as evening settled over the room.
The previous poem had just been read aloud, and its author had returned to his seat on the opposite side of the hall. Fortunately, he was far enough away that Ting and her friends could speak their minds without whispering.
After sipping some dark red wine, she dragged her fingers through her hair with a puzzled expression.
A deep furrow etched itself between her furrowed brows.
"Can what we just heard be called poetry?" she asked, voice low and clipped.
"To me it sounded like static—grinding, grating, going nowhere."
Andrei, slouched across from her, let out a snort that was neither a sigh nor a sneer.
Shrugging listlessly, he ran his long fingertips lightly over table, casting a cool, unbothered gaze down at Ting. "To some people, it might sound like sublime poetry," he said, savoring the phrase though it tasted bitter. To others, it was nothing but noise and dissonance…" He took a sip of dark, bitter coffee and turned toward the window, where twilight was slowly spreading across the sky.
Min broke the silence with a dry cough. "Either way, the forest of literature is already far too full.
Every book planted in it is just another tree bound for the shade—for the slow, certain dark of being forgotten. Obscurity always wins in the end." He gave a small, self-mocking croak. "Aren't we all just small saplings sitting under literary giants today?"
Tim, cradling his cup and watching the steam curl and vanish, spoke next.
"We all carry that weight of our own smallness and not-knowingness.
I get lost in the forest of literature myself. It's too vast, too tangled, to walk through in one lifetime."
He traced the rim of his cup slowly, thoughtfully, before going on.
"Maybe it's not about walking further. Maybe it's better to sit with a few trees—really sit, really look—and let their roots grow slowly into us, instead of rushing past a hundred more."
Tim looked up at his friends, something quiet and certain in his eyes.
"Depth over distance. That's how I want to spend what remains of my short life."
Gracias por las correcciones. A lo largo de las distintas etapas de mi vida, he disfrutado de diversos tipos de literatura. A menudo me queda la sensación de lo poco que realmente sé. Dado que se publican más de siete mil libros nuevos cada día, tal vez sea natural sentirse así.