Cuando llegue a l’aeropuerto después de una semana en Cancun, mi padre estaba ahí para recogerme. Ofrecimos a llevar a May a casa. May era una amiga de una amiga que conocí durante el viaje. Ella vivía el la dirección opuesta a la nuestra. Llevarla a casa era completamente fuera de camino, pero hicimos con gusto. Te dije a May, “Recién mi padre tuvo un infarto. El médico dijo que él no debía cargar nada más que diez libras. Por favor lleva tus propias maletas.” Como May era una pasajera en nuestro coche, por cortesía pensé que yo debía llevar sus maletas. Después de mi padre abriera el maletero, muy rápido agarré mi maleta y la de May y las puse en el maletero. Cuando llegamos a la casa de May y mi padre había abierto el maletero, una vez más, muy rápido agarré la maleta de May y la puse en la acera.
Dos días después hablé con Belinda, mi amiga que había organizado el viaje. No lo creía. Me dijo, “May dijo que fuiste muy grosera. Dijo que le pediste que se llevara ella misma su maleta. ¿De verdad, le pediste que se llevara ella misma las maletas? Eso fue muy grosera de tu parte.”
Respondī, “Sí. Es cierto. Le dije a May llevar sus propias maletas. Porque mi padre recién sufrió un infarto y el médico dijo que ėl no debía levantar nada que pese más de diez libras.”
Belinda dijo, “Ah, May no me había dicho eso.”