Hace unos años mi amiga Lana y yo visitaron a Italia. Llegamos en Venecia y pasamos unos días ahí. Luego volarémos a Nápoles para conocer el sur del país. Prefiero viajar por tren pero Lana prefiere volar. En el aeropuerto pasé por el control de seguridad sin problemas como esperaba. Sin embargo detuvieron a Lana. Al parecer Lana llevaba un litro de champú y un litro de acondicionador en su equipaje de mano. Me pareció una locura que ella llevaba tanto champú y acondicionador para un viaje de dos semanas. Era diez veces más de lo que necesitaba. Confiscaron el champú y el acondicionador. Lana creía que, al ser un vuelo dentro de Italia y no internacional, podía llevar líquidos en su equipaje de mano. Cuando llegamos a Nápoles Lana dijo, “Quiero ir a una farmacia para comprar champú.” En la farmacia me di cuenta de que Lana compró una barra de champú en lugar de champú líquido. Me pregunté si consiguió la idea de mí.