Una Carta a Una Madre
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Una Carta a Una Madre

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Una carta ficticia que escribió una joven a su madre.

Querida mamá:

Ahora que he llegado a Puerto Rico, tal como prometí, te escribo para contarte cómo va todo. Sé que estás nerviosa porque estoy viajando sola, y admito que yo también lo estoy un poco, sobre todo porque nunca antes había viajado sola. Pero creo que todo va a salir bien.

El domingo llegué a Miami en avión para embarcarme en el crucero a Puerto Rico, que zarpó al mediodía con 200 estudiantes universitarios de Estados Unidos, Europa y África a bordo. El barco era enorme, de seis pisos de altura, casi como un hotel flotante. A lo lejos, no podía ver nada más que kilómetros y kilómetros de agua azul. Si no hubiera sabido que la Tierra es redonda, habría creído que íbamos a caernos por el borde del mundo.Mientras navegábamos, el mar se abría a ambos lados del barco, levantando nubes blancas de espuma. El movimiento rítmico de las olas me tranquilizó poco a poco y dejé de preocuparme por viajar sola. Dos días después llegamos a San Juan.

Te alegrará saber que he hecho una nueva amiga, Gloria. Es muy simpática, aunque al principio dudaba que me fuera a caer bien. La primera vez que la vi, estaba sentada en una mesa bastante lejos de donde yo estaba. Sus cejas eran muy prominentes y proyectaban sombras sobre sus ojos, como si siempre frunciera el ceño mientras pensaba en algo inquietante. También tenía un tic nervioso: sus labios se movían rápidamente hacia un lado y de su garganta escapaba un suave sonido. Me pregunté cómo sería ser ella y pensé que tal vez era una de esas personas que solo una madre podría amar.

Entonces me avergoncé de haber pensado así. Recordé lo que siempre me enseñó: no juzgar a los demás. Así que decidí presentarme. ¡Y qué contenta estoy de haberlo hecho! Gloria es inteligente, elocuente y muy expresiva. Cuando habla, sus dedos parecen dibujar en el aire lo que describe. Si habla de una casa, sus dedos se mueven como lápices y pinceles trazando formas invisibles. Estudia arquitectura en la Universidad de Yale y está viajando para documentar edificios históricos en el Viejo San Juan. Me emociona descubrir que tenemos tanto en común: el amor por la historia, la preservación histórica y la arquitectura. Ya casi no noto sus tics; su entusiasmo y sus conocimientos hacen que todo lo demás parezca insignificante.

Gloria y yo visitamos el Viejo San Juan, una hermosa ciudad llena de historia y de arquitectura española de muchos estilos. Mientras caminábamos por las sinuosas calles empedradas, vimos algunos de los edificios más pintorescos que he visto nunca. Visitamos La Fortaleza, construida en el siglo XVI. Hoy es la residencia oficial del gobernador de Puerto Rico. Es enorme y elegante y desde allí se ve el mar. Las casas también son maravillosas. Están pintadas en tonos pastel —rosas suaves, azules, amarillos y verdes— que dan a cada calle un aire sereno. Una de las características más bonitas son los balcones de hierro forjado, desde los cuales la gente puede ver pasar a los turistas.

Después de caminar durante dos horas tomando fotos, estábamos agotadas, así que decidimos sentarnos en un banco bajo (debajo de?) un árbol para refrescarnos con la brisa marina. Mientras descansaba con los ojos cerrados, el olor del aire salado me llevó de vuelta a mi niñez, a aquellos días en que solíamos ir a la playa en Nueva York. ¿Te acuerdas? ¡Qué felices eran esos días!

Luego fuimos a un restaurante y comimos un delicioso plato de mofongo. Tuvimos que comer rápido porque el barco estaba programado para salir del puerto dentro de media hora. Estoy segura de que volveré al Viejo San Juan para explorar sus museos y sitios históricos con más calma.

Mamá, espero que te sientas más tranquila después de leer esta carta. Aunque estaré aquí un año, te escribiré a menudo y también te llamaré. No te preocupes por mí. Sé feliz. Y dale un beso a papá de mi parte.

Besos y abrazos,

Carolina

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