El Fraile
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El Fraile

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Un cuento basado en "El eclipse" de Augusto Monterrosso (https://ciudadseva.com/texto/el-eclipse/ )

Los indígenas guatemaltecos rodeaban al fraile español Bartolomé Arrazola que yacía boca arriba en el altar reflexionando sobre las circunstancias que lo habían llevado a este punto cerca del final de su vida. A lo lejos, se oía el sonido de los tambores mientras las mujeres, ataviadas con huipiles coloridos, se acercaban lentamente. Un hombre alto se erguía majestuoso en el círculo de los indígenas, con una mueca cruzándole el rostro. Era su líder, a quien trataban con reverencia.

"¿Qué creen que debemos hacer?", les preguntó el líder, mirándolos uno por uno. "¿Salvar al español, que nos ha arrebatado nuestra lengua y ha menospreciado nuestras costumbres en nombre de la religión?"

Los demás guardaron silencio hasta que un joven gritó, haciendo muecas para expresar su desdén: "¡Matémoslo! Nos ha obligado a hablar español y apenas conoce nuestra lengua. ¡Matémoslo ya!"

El fraile palideció y logró cambiar un poco de posición para mirar al líder. "Le ruego que no me mate", imploró en voz temblorosa. "No pretendía causarle problemas ni imponerle mis costumbres". Entonces, invocando sus conocimientos de Aristóteles y recordando que habría un eclipse total de sol, le dijo: "Si me mata, puedo hacer que el sol oscurezca el cielo".

De repente, el líder se enfureció. "Creo que intenta engañarnos. Los códices mayas ya han predicho el momento exacto en que se producirá el eclipse. Tenemos reverencia por sus predicciones y por el conocimiento de nuestros antepasados. Los españoles nos han menosdespreciado e intentaban hacernos sentir que somos inferiores a ellos, que somos bárbaros".

Volviéndose hacia el fraile, le preguntó: "¿Le molesta hablar nuestra lengua, la que usted no quería que habláramos? Qué ironía que ahora, en este desafortunado momento, se atreva a hablar nuestra lengua, como si al hacerlo fuera a crear una afinidad con nosotros".

"¡Matémoslo!", volvió a gritar el joven, por encima de los ensordecedores golpes de tambor y  las canciones melancólicas que entonaban las mujeres con voces estridentes.

El fraile, ya resignado, sabía que su vida llegaría pronto a su fin.  Permaneció en silencio y cerró los ojos mientras aguardaba lo inevitable.

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