El mismo río, dos veces
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El mismo río, dos veces

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“Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos.” --Heráclito

Hay un lugar donde me gusta pasear desde que me mudé aquí; es una pequeña y rocosa península, rodeada por aguas limpias y frías. En invierno, la playa en un extremo de la península se cubre con hielo y nieve hasta cierta distancia de la orilla. He paseado por el camino que atraviesa la península en invierno; me he fijado en las extensiones de hielo y cómo las aguas color azul apagado se ondulan hacia el horizonte lejano. Meterse en el agua en esas temporadas de hielo supondría una muerte segura, o como mínimo una hipotermia. Ni en primavera vale la pena intentar nadar por esa playa porque el agua sigue gélida.

Pero en verano, en determinados días uno sí puede meterse en el agua. Anoche, después de ya haberme bañado en otra playa - es que este pueblo tiene muchas, tenemos suerte - fui a la pequeña península con unos amigos. Para cuando llegamos ya se hacía de noche. Vimos ponerse el sol sobre el agua y las rocas. Apenas vislumbraba las caras de mis amigos en la penumbra. Solo nos llegaban los rayos más débiles de un sol que desaparecía rápido. Ellos querían bañarse yo seguía su ritmo. Las temperaturas seguían por los 27°, pero todo empieza a cambiar al ponerse el sol. Aun así, el agua que antes hubiera acabado conmigo ahora me atraía así que me lancé después de ver a mi amigo tirarse al agua. Fue una sensación de entregarme a lo desconocido y por suerte no estaba tan gélida.

¿Cuáles son esas aguas? ¿Quién soy yo? Para mí esas aguas están vivas; son como otro ser, que me dice que afortunadamente no soy nada más que una mota de polvo a quien el universo le sonríe de vez en cuando.

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