El otro día, conocí a una niñera que tenía ojos amables, una cara redonda y una voz suave. Me imaginaba que ella tuviera un aspecto que les gustara a los niños.
"Sí", admitió con una sonrisa amplia al escuchar la descripción de sí misma, "pero soy estricta."
Estuvimos juntas para preparar sus impuestos. Escribí "niñera" bajo el titular de trabajo y me dio sus formularios escasos.
"¿En 2025 era ciudadana?" pregunté.
Negó la cabeza. Aunque su respuesta fuera una sencilla marca de verificación en la página, sabemos las dos que ahora su vida en este país era aún más difícil.
"El año pasado era muy, muy difícil....." confirmó con una voz temblorosa. "Menos ingreso que el año pasado." Pude oir la tristeza en su voz.
Asentí con la cabeza. "$12,000 este año y $14,400 el año pasado." Nos miramos. Sus ojos se llenaron lentamente de lágrimas.
"Lo siento...." dije, conmovedora por su esfuerzo. En eso momento, me dolió el corazón pesado.
"No se preocupe," me animó mientras se enjugaba sus lágrimas.
"Claro que voy a preocuparme!" Suspiré levemente y volví a la pantalla brillante de la computadora.
Los números eran preocupantes. Iba a pagar unos $2,000 por los impuestos. $2,000 de la $14,400 que ganó por el año. El 14 por ciento del ingreso anual.
Esperé que mi supervisor encontrara una equivocación contable al revisar mi trabjo. Algo, cualquiera, que bajaría su pago. No encontró nada.
Dos mil dólares por un gobierno que no valoraba su trabaja, su vida, y sus sueños. Sí recolectaría su dinero mientras tanto le describiendo como "lo peor de lo peor."