La Anciana
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La Anciana

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Nos conocimos el martes anterior, la anciana y yo.

Ella fue acompañada por su hija que era una mujer a sí misma a unas cincuenta años de edad. Las dos se parecían como las parientes que eran. Ambas eran diminutivas y sencillas en aparición sin maquillaje. Compartían las mismas facciones, salvo que la mayor tenía pelo más canoso, ojos morenos más cansados y piel bronceada más de cuero. Esto me sugería una vida más larga y dura.

A pesar de los años que se separaban, la hija se había establecido como la madre. Al principio de nuestro encuentro, la hija hacía todo por la madre. Me hablaba. Me contestaba. Me daba documentos. Me imaginaba que la anciana estaba confundida or sorda o ambas hasta que oyí a ella respondía rápidamente a su hija en voz baja y clara con sus lenguas maternas.

"Habla inglés?" le pregunté a la anciana.

"No," me respondió.

Tragué con miedo al entender la necesidad mia de hablar en español.

Miró la lista de preguntas y tragué una vez más.

"¿En el pasado, era comunista?

" No."

"¿Usaba armas?

Los ojos de Abuelita se pusieron grandes.

" Discúlpame," le dije con vergüenza, "tengo que preguntarle."

"Está bien. No."

"En el pasado, ¿trabajó en una tienda de drogas?"

Nos miramos. Me sonrojé. Ella rompió a reir.

"

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