¿El olvido es el castigo o la bendición? Según “Funes el memorioso”, Jorge Borges le brindó a Funes el regalo que nunca ha pedido: la capacidad infinita de recordar. La memoria absoluta, en pocas palabras, se queda para hacerle quedarse en el pasado. Además, Funes inventa sistemas para organizar todos sus recuerdos y convertir los números en nombres sin sentido. A través del empeño, el sentido de pierda por la fatalidad del reto. Al fin y al cabo, la inmovilidad del protagonista se ve reflejado en la estancia de su mente interior: estancado, atrapado e inconsciente de lo que existe con el cambio del tiempo. ¿Es una benediccion o una maldición una memoria absoluta? Tal vez no sea ninguna de las opciones, sino una afflicion que se cura con el tiempo perdido. Por ejemplo, Funes ha aprendido numerosos idiomas por su cuenta y a la vez, no está empleando sus talentos por el bienestar de la sociedad. Su mundo se encuentra en el aprendizaje, aprender por aprender, sin importar la razón ni el uso del conocimiento. Cuando el protagonista conozca el valor de su realidad, una vida que ha perdido sentido, su cuerpo rinde antes de la mente. Un juego de ajedrez que no se puede ganar con la memorización sino que le gana cuando llega la razón, al fin, para reclamar el talento desperdiciado.