En el campo, el vecino más cercano que hemos tenido nunca estaba normalmente a un kilómetro de distancia. En todas las casas en las que hemos vivido, no había nadie a la vista. Hasta que cuando nos mudamos a un suburbio era cuando todo cambió para mí. Pero, la incomodidad solo apenas empezaba cuando tuvimos que mudarnos otra vez. Nos mudamos a la Bahía de Plenty, la parte más agradable de la isla norteña (pues, a partir de lo que se dicen de los extranjeros). Durante todo el viaje, crucé mis dedos para que la casa nueva fuera en un lugar apartada de la ciudad y que no hubiera nadie cerca. Pero fui sorprendida al ver una casa mal hecha rodeada por dos casas más.
Por unos meses, la incomodidad era potente. Pero, tras un año, me di cuenta de que los vecinos al lado de nosotros eran más cordiales que lo que creía al principio.Los vecinos nos han tratado bien (…no sé lo de mi familia y yo…). Su simpatía alivia un poco mis pensamientos ansiosos. De vez en cuando, si veo a mis vecinos fuera de casas, los saludo. Siempre los veo laborando en sus jardines en el patio trasero de su casa. A veces, les tengo envidia por tener jardines exuberantes de flores y vegetales. Algún día, si mi situación económica se mejora, quiero ordenar mis jardines para luego poder tener comida (en lugar de esperar la próxima semana mientras estoy pasando hambre).
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Hasta (que) cuando nos mudamos a un suburbio era cuando todo cambió para mí