No me gusta ser el centre de atención. Si mi madera no fuese de pino, te hubiese dicho algo diferente, semejante a mi primo Pinocho. Tengo cuatro patas y sigo una línea larga de antepasados que provienen de Italia. Solamente me acuerdo que tenia un largo viaje en barco y llegue a una puerta roja adyacente a un acantilado con un paisaje de un pasto de flores de cerezo.
Te hubiese pensado que habría estado aburrido de permanecer en el mismo sitio todos los días. Sin embargo, es todo lo contrario; empiezo el día con un bien desayuno, siempre me dan cosquillas el calor de la taza de té que espera el Señor de la casa. A las 6 y punto, llega descalzo canturreando una canción de Luis Miguel. Con poco tiempo de espera, la Señora se junta para quejarse de los vecinos. ¡Cómo me encanta un buen chisme! Los gritos del pequeño me preocupan mucho y prefiero mantener al tanto de su cuidado. ¡Nadie puede decirme que no se la cuido a mi familia!
La bulla de la familia de va disminuyendo hasta que todo se queda en silencio. Repaso las noticias que el Señor me ha dejado. Antes de que me olvide, hago un vistazo a todo los electrodomésticos en mi cuarto. Si todo está bien, tomo una siesta por la tarde. La Señora viene con el pequeño en sus manos y una bolsa alborotada de alimentos en la otra manos.
Con un abrazo acogedor, los aguantan: unas bananas verdes, una rama de romero fragante, un pollo al horno, una bolsa de papas y un paquete de galletas. La cena estará listo en poco tiempo. El pequeño se estrecha sus manos hacia las mias, un pequeño lugar para que esté bien situado con sus dibujos. Cuencos, ollas, y cucharas son mis compañeros fieles por la tarde. En poco tiempo, el aire huele de pollo condimentado y papas horneadas. Mis ojos ven la cola de un gato demasiado travieso para estar rodeado de tanta tentación, sus huellas tintando el suelo con su anticipación.
Con sus barrigas llenas, al fin puedo saborearme un plato tibio: tiene un aroma de agradecimiento, sueño y alegría, mi alimentación favorita. Después de un buen baño de jabón liliácea, me quedo mas limpio que nunca. Me visto con mi pijama con su patrón cuadrado perfectamente planchado. Las luces asientan sus bombillas de acuerdo mientras se apagan su entusiasmo hasta lleguen los rayos de un día nuevo.