Durante mi infancia, no había nada más emocionante que celebrar la Navidad.Cada verano, mi familia hacía las maletas para quedarnos un rato en la casa de mis abuelos. Todavía recuerdo el suculento olor de bistec cocinando en el barbecue y las flores de mi abuela creciendo prosperamente en sus jardines. Lo que más me emocionaba eran los juegos divertidos que mi madre y mi abuela organizaban para los niños durante la temporada.
Ahora que soy adulta, la Navidad se ha vuelto algo indiferente. Vivimos lejos de la familia, entonces mis padres y mis hermanos solo hemos tenido pequeñas celebraciones navideñas, nada demasiado grandioso. Aunque parece un poco sombrío, cuando lo veo desde una perspectiva más abierta, me ha dado la oportunidad de reflexionar sobre el año pasado y mi vida; mis logros, mis fracasos, como he perfeccionado mis idiomas y, sobre todo, las cosas simples que agradezco en el momento.
Aunque la Navidad se ha vuelto un poco aburrida, estoy feliz de que mis abuelos nos hayan dado a mis hermanos y mis primos los mejores momentos de nuestras vidas mientras duraron.