La tercera temporada de “Envidiosa” nos deja con un sabor agridulce en el paladar. ¿Si tuviéramos lo que queremos, estaríamos felices? La protagonista, Vicky, nos refleja la respuesta que ni siquiera ella quiere aceptar: ¡ten cuidado con lo que pides!
Al fin, Vicky Morí ha recibido como arquitecta y está viviendo junto con el hombre que quisiera- Matías. Sin embargo, su felicidad se ve amenazada por el otro protagonista- el celos- que se quede en el fondo de cada escena. El contrapuesto de la serie, su hermana Caro, la muestra un lado de la maternidad que refuerza el dicho “no todo lo que brilla es oro”. Ser madre ha sido el sueño de Vicky desde que era niña cuando jugaba con muñecas; la versión ee media edad todavía está jugando, en este caso, con los sentimientos de los demás.
Como consecuencia, su relación se convierte en un contenedor para sus emociones, con muchos agujeros. Mientras tanto, el papel de la psicología Fermin es la manifestación externa del mundo interno de Señorita Morí: el cielo es el suelo, la noche es el día, y ser madre es lo solución para la crisis de media edad. Se dio el alto por si sola de la terapia, liberándose de si misma para ser quien siempre ha sido: desquiciada por su envidia. Su búsqueda para otro terapéutico es semejante al descubrimiento de ella misma: hasta que esté cómoda en su propia silla, ningún profesional puede brindarle la paz mental que carece.
Por último, su asenso a la Directora de Proyectos es la capa de escarcha de la torta. Dado que ha alcanzado todas sus metas, el relleno adentro se queda empalagoso. Ni siquiera la protagonista está dispuesta a aceptar su búsqueda para la validación externa con el papel de ser madre hasta que una sorpresa la cambie la trayectoria de su éxito para siempre. ¿Puede aguantarse Vicky no ser protagonista más de su propia vida?