La casa de huéspedes
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La casa de huéspedes

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Como si fuera una tormenta inesperada, las emociones nos envuelven en su fuerte abrazo. Ya sea la tristeza o la alegría, deberíamos obsequiarnos el permiso de sentir en vez de disimular; tarde o temprano, las emociones nos encuentran sin una ruta de escape. Según el poema de Jalal ad-Din Rumi, un poeta iraní de los 1200s, “La casa de huéspedes”, todos deberían ser bienvenidos a nuestro hogar.

Recibir todas las emociones y experiencias como invitados sería adoptarnos al corriente en vez de contrarrestarlo. Solo entonces comprenderíamos lo que se avecina bajo la superficie de nuestros entornos emocionales. Por ejemplo, cuando tu amor poco correspondido se casa con otra, permítete a sentir el torbellino de las emociones desde la envidia hasta la nostalgia por lo que hubiera sido. Asimismo, cuando pierdes la promoción del trabajo por la política social, respira profunda y liberar tu angustia a ser engañado por el lobo con piel de cordero que se maneja todo sin hacer nada.

Por lo tanto, a través de una actitud de crecimiento, las experiencias indeseadas nos sirven para redirigir en vez de rechazar. Sin duda, “cuando una puerta se cierra, otra se abre”. Sin embargo, cuando estamos en las nubes por nuestra propia lúgubre no podemos ver lo que estás enfrente de nuestros ojos. Aún así, las siete etapas del duelo nos permiten a sentir lo que debemos para llegar al destino final: la aceptación necesaria para despojar nuestras mentes, lo cual nos otorgará el espacio para seguir adelante con lo nuestro.

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