El cortometraje de Disney, “Flotar (2019)”, cuyo director estadounidense Bobby Rubio nos muestra un lado de nosotros mismos que deseamos ocultar: la vergüenza familiar. ¿Tienes un tío ruidoso o una suegra mezquina que prefieres borrar de tu propia historia? Para la mayoría de nosotros, las reuniones familiares son más que suficientes para mantener los vínculos familiares con aquellos que nos brindan la vergüenza social.
¿Sin embargo, que haría si tuviera una madre o un hijo “especial”, tan especial que te sentirías la necesidad de mantenerlo bajo la manta de seguridad por el miedo de lo inverosímil? El padre en el cortometraje representa cualquier de nosotros, cuya carga es la tarea de guardar un secreto con la potestad de romper la ilusión de la perfección. Según el dicho, “La percepción es la realidad”, y en este caso, el juicio divino se encuentra en las opiniones de los moradores del barrio.
Dicho esto, la correa para amarrar a su hijo en la normalidad es tanto una cuerda para mantener la fachada del control sobre su primogénito con su independencia floreciente. De repente, cuando el niño se libera de las cadenas del patriarcado, estamos viendo la transformación del relación paternal en frente de nuestros ojo. Por lo tanto, somos testigos a la lucha interna en el padre, proteger su hijo del amenaza del juicio social o déjalo a ser si mismo. No obstante, nos quedamos con la pregunta precaria, “Es demasiado poco, demasiado tarde?”
En definitiva, es una historia de la redención, destacando el poder del amor de triunfar sobre nuestras diferencias. Wilder aclamó, “Todo santo tiene un pasado y todo pecador tiene un futuro”. El protagonista y su hijo cierren la historia juntos en un columpio, dejándonos con la moraleja: el cielo sería el límite si pudiéramos superar nuestros sesgos y nuestros miedos para encontrar nuestro propio destino aunque sea inesperado.