La semana pasada fue muy agotadora. A mi papá le hicieron una operación sencilla. No es que esté enfermo ni tenga algo serio. Solo una cosa menor que decidió hacerlo por prevención. No era algo verdaderamente necesario, pero era algo que pueda serlo en el futuro. Mi papá ya está mayor, así que el doctor recomendó hacerlo mientras él esté en buena salud como ahora. Pero tuvo que ser hospitalizado por tres días, precisamente dos días y medio. Yo fui la que se quedó con él en su habitación todo el día, incluso durante la noche. En el tercer día, ya no quedaba ni una gota de energía y me alegro de que le dieron alta en el tercer día como estaba previsto.
Esta vez, usamos un hospital diferente al que siempre íbamos. Era un hospital que no conocíamos, pero, al menos, quedaba cerca de casa. Personalmente, hubiera preferido el hospital que siempre íbamos, puesto que es el mejor hospital de este país y ya había pasado la noche para acompañar un paciente unas veces. Pero, no se podía, ya que el médico encargado de mi papá usaba dicho hospital para todos sus pacientes. No me gustaba el diseño del establecimiento en general. Los pasillos eran muy estrechos, apenas caben dos personas al cruzar y el techo también era bajito. La estación de enfermería estaba directamente estacionado al pasillo estrecho sin extra espacio. Tal vez por esa razón, las conversaciones y los ruidos del personal retumbaban a través del pasillo. El cuarto en el que quedamos era contiguo a dicha estación y era una pesadilla para mí tratando de dormir durante la noche, aunque fuera un poco.
De hecho, velar al paciente en un hospital es una batalla sobre cómo manejar el tiempo, el estrés, y la energía de uno. Traje mi pequeña Kindle y un teclado bluetooth, un cuaderno grande para sobrevivir el tiempo en el hospital. Creo que la mitad del tiempo pasé leyendo. No había algo que pueda usar como mesita, así que nunca usé el teclado. Escribía en el cuaderno, sosteniéndolo en el apoyabrazos del sillón. Así pasé el resto del tiempo: escribiendo unos borradores de las entradas de Journaly (incluso esta) o haciendo lo necesario, regresando a casa para bañarme, caminando por el pasillo para estirar las piernas, rellenando mi tumbler en el dispensador de agua, comprando café o comida en la cafetería del hospital, etc.
Los enfermeros fueron muy amables, pero no fueron tan profesionales como debían ser. Tardaban en llegar cuando los llamábamos y a veces dejaban el paciente solo cuando no se debían. Bueno, nada que no pueda resolver si tiene alguien al lado. Tuve una impresión de que fuese algo más como un hotel o un restaurante que un hospital. Venía como tres o cuatro veces a limpiar el cuarto al día. También, cada rato venía, no sé, una persona encargada de las relaciones públicas o algo, que nos preguntaba si todo estaba bien, si estábamos satisfechos de su servicio. Y yo como...
Gracias por ser tan pendiente, pero si pudiera dejarnos en paz, le agradecería de todo corazón.
¿No ve que el paciente está dormido y yo muriendo del cansancio?
No puedo olvidar esa sonrisa perfecta y su amabilidad excesiva de la chica encargada. Ella insistió que dejara opiniones en Google cuando ya nos íbamos. Me vigiló mientras ponía las estrellas allí mismo. Bueno, solo hacía su trabajo, entiendo. Por cierto, a mi papá lo llamaban "mi príncipe" o "mi niño" las enfermeras. Me daba risa cada vez que lo llamaban así. En fin, todo salió bien al final y eso es lo más importante. Mi papá está reposando en casa y mejorando cada día.
Gracias por leer😘
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